2012: Un buen año para el cereal
No hay nada que comer, la solución más eficaz después de un sandwich: Cereal. Desde 1999 (Un buen año para el arroz inflado) compro Chocokrispis. Me gusta su textura, cambiante según el tiempo que hayan estado remojados en la leche. Un crujir que se desvanece.
Casi 5 a.m y aún cuando logro conciliar el sueño, no lo hago. Mi hora de la nostalgia ya pasó. Ahora tan sólo relleno mi estómago con leche medio pintada de café y busco con la cuchara algún arroz que no detecté con anterioridad. Una risa se escapa. Cuando me río sola pueden pasar dos cosas: Que me de miedo o me de más risa. Me dio más risa.
Esa risa, resultado de un recuerdo bastante particular que, sin motivo alguno llegó a estas horas a mi. Era 2004 (un buen año para la leche deslactosada light), estaba en la clase de inglés con mi mejor amigo, quien, en un acto de rebeldía preguntó: “Maestra ¿cómo se dice gay en ingles?”. Desde entonces lo molestamos con ello. Curiosamente, es el que mejor habla de inglés de mis amigos de la infancia.
Regreso.
Mi espalda duele. Un gato dormido a mi costado. Una cama a la que no pertenezco me implora mi regreso. Mis Chocokrispis estás aguados, bueno, los que queda. Un silencio simple y austero llena la habitación. Una atmósfera de suspenso rodea mi mente y me enjaulo entonces en esas paradojas que ahora entintan mi vida; esa crónica inaudita sobre ti y tú y vos. Esa resignación susurrada de la que huyo en días de Sol sin nubes. Y, a demás sabiendo que a nadie le dio la misma risa que a mí (si es que se rieron) sobre mi amigo preguntando cómo decir gay en inglés.
Con ganas de un poco más, sorbo del plato las últimas gotas de leche. Debería dormir. Debería lavarme de nuevo los dientes y dormir. Debería soñar. Debería dormir, soñar, despertar y querer cumplir mi sueño. Debería cumplir mi sueño. No obstante, con miedo no duermo, no sueño, no despierto y no cumplo mi sueño.
Mejor me sirvo un poco más, después de todo, tal vez el 2012 sea un buen año para el cereal.